El secreto de la vida

Las vacaciones son el sueño de la mayoría de los seres humanos, ya que este pequeño o mediano periodo de tiempo, en teoría, es uno que nos  permite bajar la guardia y concentrarnos en aquello que nos da placer, diversión o simplemente la paz que muchos hombres buscamos, aunque sea solo con el pensamiento, a lo largo y ancho del universo.

Hace dos meses fuimos a celebrar el año nuevo a uno de los hoteles en Zihuatanejo que se encuentran justo en la playa, por lo que solo hay que dar un paso para dejar el mundo de la civilización humana y entrar a la antesala del reino del mar.

Al estar en un lugar de estos es prácticamente imposible, al menos en teoría, de tener ninguna migaja de neutralidad o tristeza en nuestro interior, ya que la única preocupación en esos lugares es la de no tener ninguna preocupación.

Sin embargo, no todas las guaridas nos protegen de la lluvia y no todas las ventanas mantienen lejos al viento, especialmente si no están bien cerradas, de la misma manera que nuestras vidas jamás estarán libres de las preocupaciones si el tener preocupaciones es una preocupación.

Un día de la vacación, al estar tomando es sol, conocí  a un hombre quien viajaba con su familia, una familia que parecía ser la familia perfecta, llenos de risas y sonrisas.

Después de algún tiempo de estar platicando  y bebiendo como si fuéramos amigos antiguos, me confesó que toda su vida había querido tener una familia plena y sana y una cuenta de bancaria llena para hacerlos felices, algo por lo que había trabajado la mitad de su vida para conseguir.

Sin embargo, ahora que había conseguido y conquistado aquellos dos objetivos, ha entendido que a pesar de todo lo que tiene, no es una persona feliz.

Esta situación me recordó a un libro que en algún momento leí, llamado La épica de Gilgamesh, una historia escrita en Mesopotamia antes de la llegada de Cristo.

La historia básicamente trata de un rey, quien vivía los placeres de la vida, muchas veces a costa del bienestar de sus súbditos, simplemente por diversión, ya que ningún placer o vicio era suficiente para saciar su alma.

Al observar los dioses con atención a este soberano, decidieron formar un hombre salvaje, quien le fuera a atormentar la vida para enseñarle una lección; sin embargo, aquel hombre salvaje se hizo amigo del rey, algo que naturalmente enfureció a los dioses.

Los nuevos amigos viajaron juntos aniquilando monstruos marinos y titanes, quienes salvaguardaban altas montañas, probando ser invencibles.

Sin embargo, ningún triunfo es eterno y los dioses condenaron a los dos hombres a muerte, pero Gilgamesh sobrevive y busca, como resultado de su dolor por perder a su amigo, los secretos de la vida  por todos los rincones de la tierra, sólo para entender que el secreto de la vida está en entender que la vida que buscamos nunca la encontraremos.

Esto significa que el encontrar el objeto de una búsqueda siempre nos llevará a una nueva búsqueda.

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